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CONSEJOS SOBRE LA BUENA UTILIZACIÓN DEL TAPÓN TAPRESs® TÉRMICO

La buena práctica aconseja que para asegurar una correcta conservación de su bebida, ésta debe estar a la temperatura idónea y para ello ponga su TAPRESs® justo al lado de su botella y observe el color del display, así podrá controlar si la temperatura de conservación es la idónea y el sitio elegido en su bodega o enfriador es el correcto.

Una vez abierta la botella, tápela con su TAPRESs®, el display le indicará en todo momento si la temperatura de conservación o de servicio es la idónea. Si usted acaba de comprar su bebida y está a una temperatura excesiva, póngala en su enfriador junto con el tapón y espere a que éste indique por cambio de color si el lugar elegido es correcto, al cabo de unos 15 minutos podrá disfrutar de su bebida a la temperatura idónea.

Busque usted mismo otras utilizaciones de este pequeño tapón que además de tener las características del ya conocido TAPRESs® le va a permitir una nueva y útil forma de disfrutar de su bebida preferida.

Recuerde que TAPRESs® es el único tapón desmontable que puede tratarse como un cubierto más, es el único realmente higiénico al ser desmontable y poder limpiarse con facilidad, su sistema de cierre es totalmente hermético y puede utilizarlo cuantas veces quiera y con cualquier tipo de botella (vino, cava, champagne, cervezas, aguas con gas o sin gas, refrescos, etc…)

SU DISPLAY CAMBIA DE COLOR CON LA TEMPERATURA

Pentágono: ºC
< 4
6

Cheurón: 8


10

Cheurón: 12
14

Cheurón:  
16

18
 

Cheurón:  
>20
 

La temperatura de consumo

 

En general, la temperatura de servicio de cualquier vino no debe sobrepasar los 18ºC. En el caso de los espumosos semisecos, los valores correctos quedarán en torno a unos 4-6ºC para permitir el desprendimiento de las burbujas. Los blancos y rosados jóvenes más ligeros (La Mancha, Valdepeñas, Valencia, Andalucía, Madrid, Ribeiro y el chacolí), así como los espumosos secos de crianza breve, ofrecen sus cualidades más apreciadas en torno a los 6-7ºC.

Los rosados de más cuerpo, como los elaborados en Navarra, Aragón, Ribera del Duero o, en general, hechos a partir de variedades como merlot o cabernet sauvignon, junto a los blancos gallegos ligeros, blancos de Rueda o de corta crianza en roble, salen airosos a unos 8-9ºC. A temperatura semejante, resulta recomendable la ingesta de los finos jerezanos, de Montilla-Moriles, del Condado, los dulces de moscatel o malvasía y los espumosos secos de prolongada crianza en botella.

En la escala de 10 a 12ºC, los blancos con notable crianza o los fermentados en barrica, albariños y godellos de cuerpo, algunos tintos de Valdepeñas, Arganda, Utiel-Requena y los generosos andaluces ligeramente abocados.

Los tintos jóvenes deben consumirse frescos, pero no fríos, entre 13 y 15ºC. La mejor fórmula para conseguir esta temperatura es utilizar una cubitera con agua y unos pocos cubitos de hielo e introducir en ella la botella durante 10 a 15 minutos. La baja temperatura del vino potencia el frescor en un blanco, pero en el tinto, hace que se note más la astringencia y el amargor. El amargo lo aportan los polifenoles, sustancias colorantes, y esencialmente los taninos. Por eso hay que beber los tintos atemperados y no del frigorífico.

La temperatura idónea para el resto de los vinos es de 16 a 18º C, incluyendo en este capítulo final todos los tintos de crianza, reserva y gran reserva, junto a la gran variedad de amontillados y olorosos andaluces, los dulces de Pedro Ximénez o moscatel, el fondillón alicantino, los garnacha y otros rancios catalanes, etc.